4 de octubre de 2014

EL VALOR DE DECIR NO

Uno de los retos que sigo sintiendo en la relación conmigo misma y con los otros es el aprender a decir que NO. La tendencia que solía privar en mi -y que aún aparece como un asunto a seguir trabajando- es el decir que SÍ a pesar de que mi conciencia, mi cuerpo y mi realidad pedían el NO.

Muchas veces decimos que SÍ para evitar confrontaciones, para agradar y complacer al otro, para cumplir con las expectativas que creemos que tienen los demás hacia nosotros, para evitar que el otro se sienta rechazado, para salvarnos del sentimiento de culpa asociado al NO.





Hace poco leí que el no saber decir que No devalúa nuestro SÍ. Creo que esto tiene un sentido importante de reflexión. Al usar el SÍ de forma habitual cuando queremos realmente dar un NO, degradamos el valor de nuestra respuesta positiva, del valor que nos damos a nosotros mismos y al otro. Y faltamos en respetar nuestra verdadera respuesta, nuestro tiempo, nuestras necesidades, nuestra energía, faltamos en definitiva a la VERDAD.

A medida que dejamos de escucharnos y hacemos uso del SÍ cuando nuestro ser pide un NO entramos en un círculo vicioso en el que nos sometemos y exponemos a situaciones que consumen nuestra energía y saboteamos e irrespetamos nuestra voz interna.

En este círculo terminamos por resentirnos con los otros y con nosotros mismos, al estar en deuda permanente por carecer de tiempo para todo lo que nos hemos "obligado" a cumplir y en consecuencia nos consumimos.



"Hay que decir “no” a mil cosas para estar 
seguro de que no te estás equivocando
 o que intentas abarcar demasiado".
Steve Jobs



El asentir constantemente sin respetar nuestra voz interna que dice NO, tiene diversas consecuencias en nuestra vida como: 





Hacer mal uso de nuestro tiempo y establecer falsas prioridades.

Agotarnos y desbordarnos ante la falta de autoescucha y autovaloración.

Buscar la complacencia y la aprobación de los otros ante la falta de estima propia y los miedos.

Hacer uso de máscaras para mantener una imagen ante los demás.

Dificultad para poner límites y respetarnos a nosotros mismos.

Confundir la actitud generosa con la permisividad nociva.

Sentirnos "esclavizados" por la "obligación" de decir SÍ.




El decir que NO también debe observarse igualmente hacia la relación que establecemos con nosotros mismos. ¿Cuántas veces hemos mantenido hábitos, ocupaciones, relaciones y situaciones en nuestra vida que son tóxicas y hemos seguido dando largas sin ser capaces de darles un NO definitivo? 

Sanar este aspecto en la relación que establecemos con nosotros mismos es una pieza clave para desarmar las valoraciones, creencias, patrones y juicios que nos llevan a sentirnos obligados a dar el SÍ a los otros a pesar de nuestro real sentir.



"NO es una oración completa y cuán a menudo nos olvidamos de eso. 
Cuando no queremos hacer algo simplemente podemos sonreír y decir no. 
No tenemos que explicarnos a nosotros mismos, podemos simplemente decir "No". 
Al principio de mi viaje descubrí que el desarrollar la capacidad 
de decir No amplió mi capacidad de decir Sí y realmente sentirlo. 
Mis primeros intentos de decir No a menudo estaban muy lejos de ser agraciados 
pero con la práctica incluso mi No vino de un lugar de Amor. 
Ámate a ti mismo lo suficiente como para ser capaz de decir Sí o No ". 


Susan Gregg



¿En qué nos beneficia el decir que NO cuando así lo sentimos?:



Escuchar y seguir nuestra voz interna, construyendo una relación con nosotros mismos que se base en el autorespeto, la verdad y el amor propio.

Revalorar nuestro SÍ al emplearlo en todo momento como una decisión con la cual nuestro cuerpo y nuestro corazón están en paz.

Mantener nuestra energía y tiempo en aquello que requiere de nuestra atención y voluntad en este momento.

Empoderarnos de nuestra capacidad para tomar las decisiones en consonancia con nuestro Ser.

Mantener relaciones sanas libres de dependencias, de juegos de dominio o sumisión.

Sentirnos en plena LIBERTAD, sin ataduras ni falsos compromisos.



El saber decir que NO también supone sobrepasar la trampa de hacer una negación explicativa, de acompañar nuestro No con justificativos y argumentos que descalifiquen en primera instancia nuestra postura.

El NO es en sí nuestra decisión. Ello no significa en ningún momento que seamos groseros o soberbios. Un No con el TONO, la CONVICCIÓN y la ENERGÍA adecuadas son las que le otorgan al No su fuerza y expresión.

Lo fundamental es ir traspasando el ámbito de la costumbre y los viejos patrones para darle paso al NO y, al hacerlo, revalorar nuestro SÍ. Al respetar nuestras necesidades y ser conscientes de nuestras decisiones, tanto la expresión de los límites sanos como la expresión de dar y ser generosos surgirá desde un lugar de amor y de verdad

El NO y el SÍ tendrán entonces su justa y real expresión, y nos ayudarán a aceptarnos y amarnos, sanar lazos tóxicos y liberarnos de ataduras.



NAMASTÉ

15 de agosto de 2014

CÓMO DECIDIMOS AFRONTAR EL DOLOR

El dolor se transforma en sufrimiento cuando abre la puerta a la negación, la lamentación o a la exteriorización de su causa. Desde estas posturas se produce una resistencia al cambio, a la visión clara, a la verdad descarnada y por sobre todo a vivir desde el amor. El dolor, como la alegría, son polos opuestos de una misma esfera, si nos abrimos a la vida nos encontraremos con toda clase de experiencias, de emociones, de sensaciones, de personas, de relaciones, de maravillas, de decepciones...pero QUÉ HACEMOS CON ELLAS es nuestra DECISIÓN PERSONAL.

Los momentos y circunstancias vendrán y se irán, pero podemos resistirnos a comulgar con ellas por entero o caer en la negación, el rechazo y la explicación....perdiéndonos y deambulando en nuestro propio laberinto.


¿Cómo vivir el dolor sin que ello suponga sumergirse 
y regodearse en la ceguera, la desesperanza y la lamentación?


Estar en comunión con el dolor.

La elección de CÓMO AFRONTAR EL DOLOR es INDIVIDUAL. Ello no quiere decir que sea fácil, pero sí que tenemos el libre albedrío para escoger cómo lidiar con cada experiencia desde la conciencia que nos guíe para hacerlo. Usualmente asociamos el dolor con una situación, una persona, algo que está fuera. Asumimos que el dolor se iría si esa persona regresara o esa circunstancia se tornase a nuestro favor. 

Desde esa postura contemplamos la raíz del dolor como si fuese algo externo que lo ha causado. Podemos entonces optar por evadirlo y refugiarnos en nuestros hábitos, en otra persona, en otras metas. O simplemente optamos por sentirnos desdichados y temerosos ante lo que no queremos experimentar, el dolor, y permanecer bajo ese sentimiento como si fuese un estado irrevocable y una condena.

Ya cuando se habla de la palabra "dolor" tenemos una respuesta reactiva de rechazo y de negación. Queremos evitarlo, no hablar de él. Cuando renegamos del dolor, lo racionalizamos o lo colocamos fuera, nuestra incapacidad de observarlo es lo que sigue alimentando el dolor hasta que permanece en nosotros como sufrimiento.

Si dejamos que el dolor no sea positivo ni negativo, sino que entramos en el dolor, desde nuestro Ser, si somos el dolor, entonces ya no le calificamos, no le damos una etiqueta, no intentamos explicarlo y analizarlo, no lo rechazamos, no le reprimimos, no le tememos. La comunión con el dolor nos lleva a una transformación, a una comprensión verdadera que lo diluye por completo y desde la cual refulge el amor. 


"¿Qué es el sufrimiento?... ¿Qué significa? ¿Qué es lo que está sufriendo? No por qué hay sufrimiento, no cuál es la causa del sufrimiento, sino qué es lo que de hecho ocurre. No sé si ve la diferencia. Entonces, estoy simplemente alerta al sufrimiento, no como algo separado de mí, no como un observador que observa el sufrimiento; éste forma parte de mí, esto es, la totalidad de mí está sufriendo. Entonces soy capaz de seguir el curso del sufrimiento, ver hacia dónde conduce. Ciertamente, si hago eso, el sufrimiento se abre y se da a conocer, ¿no es así? 

Si yo quiero comprenderlo a usted, no debo tener prejuicios a su respecto, debo ser capaz de mirarlo, no a través de las barreras, de las pantallas de mis prejuicios y condicionamientos. Tengo que estar en comunión con usted, lo cual implica que debo amarlo. De igual manera, si quiero comprender el dolor, debo amarlo, debo estar en comunión con él. 

No puedo hacerlo porque estoy escapando del dolor mediante explicaciones, teorías, esperanzas, postergaciones, todo lo cual constituye el proceso de verbalización. Así pues, las palabras me impiden estar en comunión con el dolor. Las palabras ‑palabras de explicaciones, racionalizaciones, que siguen siendo palabras, un proceso mental- impiden que entre en comunión directa con el dolor. Pero sólo cuando estoy en comunión con el dolor puedo comprenderlo.

Sería algo maravilloso si en el proceso de escuchar lo que se está diciendo ‑de escucharlo no emocionalmente, no sentimentalmente-... pudiera usted comprender de veras el dolor y liberarse por completo de él, porque entonces no habría ni autoengaños, ni ilusiones, ni ansiedades, ni miedo, y el cerebro sería capaz de funcionar claramente, con agudeza, con lógica, quizás entonces, podría usted saber qué es el amor."

 Jiddu Krishnamurti


Agradecer por lo que se tiene

En momentos de dolor, muchas veces nos centramos sólo en ver lo que NO TENEMOS, LO QUE NOS CAUSA DESDICHA y no observamos todo aquello que está ahora, en este preciso instante, bendiciendo nuestra vida. Podemos escoger sentirnos desabastecidos y privados de felicidad, o apreciar y agradecer cada uno de los momentos y de las experiencias que también nos trae la vida justo aquí y justo ahora. Ello no supone una vía escapatoria, es una forma de observar el todo. Desde vivenciar el dolor y transformarlo hasta abrirnos a vivenciar todo lo demás.

Escoger la intención que nos mueve a hacer las cosas

El dejarnos llevar por la vida como si fuera un barco perdido en altamar sin intención ni rumbo nos somete a la desidia, a la dejadez, a la rutina y al despropósito. El fijar una intención y dar cada paso con pasión y valentía ya es de por sí un regalo que nos hacemos hacia nosotros mismos como co-creadores de nuestra realidad. Esa intención es como una chispa volitiva que nos da impulso hacia una acción consciente... es como una llama que encendemos dentro de nosotros para velar de ella, e irradiarla allí donde dirijamos nuestra intención.

Amarnos a nosotros mismos

El observar y sincerarnos con la imagen que proyecta nuestro propio espejo abre el sendero para el autoconocimiento y por tanto para la apertura de conciencia. Si cesamos en la negación de aspectos que intentamos ocultar, tenemos la oportunidad de integrarlos desde una conciencia de transformación. Pero si les reprimimos, nos restamos partes integrantes de nuestro Ser, y nos impedimos la expresión total de nuestra verdadera esencia. El darnos ese regalo de honestidad y comprensión hacia nosotros mismos es una expresión del amor que somos capaces de darnos y también de compartir e irradiar hacia los otros.

Qué puedo hacer ahora, en este momento

Es sano observar lo que ha ocurrido, y llegar a la comprensión total. Ello supone una toma de conciencia necesaria y positiva. Sin embargo, el quedarse merodeando en las sombras del pasado nos impide seguir nuestro camino, nos atrapa en la lamentación, en el victimismo, en la inacción y el pesimismo. Justo aquí y justo siempre se tiene la capacidad de cambiar, desde un patrón de pensamiento, un hábito, una percepción, una actitud y una forma de actuar. Sea cual fuere nuestra decisión, estamos empoderados de nuestro discernimiento, de la fortaleza interna para transformarnos tras una batalla perdida o un momento doloroso. Es cuestión de si se quiere realmente ejercer esa libre voluntad para hacer algo ahora, en este preciso momento, pues es justo AHORA, EN EL PRESENTE, en el que realmente podemos ACCIONAR.

Soltar la tentación de querer controlar todo

Estamos tan sumergidos en el ego y en la creencia de que podemos manejar todas las circunstancias, los factores e incluso las respuestas de los otros ante nuestros estímulos que nos acostumbramos al sentimiento de frustración que conlleva el recordatorio permanente del universo de que no somos los titiriteros del fluir y el devenir de las cosas. Desde mi punto de vista, es sano tener un objetivo o como mencionaba antes una intención que nos guíe en nuestro sendero, pero el aprender a desapegarnos de los resultados también es una forma de entrega y humildad que aligera enormemente el peso de la expectativa y por tanto del sentimiento del fracaso o desilusión.



Estas ideas para afrontar el dolor son simplemente percepciones que podemos ir transformando en nosotros mismos, en cómo nos movemos y observamos la "realidad" y que pueden resultar de gran ayuda para estar más abiertos a la comprensión de lo que vivimos y sentimos sin que ello suponga quedar atrapados en el sentimiento de vacío, ignorancia y lamentación. 

La vida es la mayor prueba de que todo está en constante cambio y movimiento... se expresa a través de infinitas formas. Todos son polos opuestos de un mismo juego. El estar en la oscuridad es lo que permite soltar el temor, pues el miedo es la ausencia de amor, y la oscuridad es sólo ausencia de luz, no existe en sí misma. Cuando estás en la luz no le temes a la sombra que pueda proyectar, es ella misma pero ausente, negada. Amemos la oscuridad así como amamos la luz, pues son expresiones distintas de la misma verdad.


"La oscuridad no existe, lo que llamamos oscuridad es la luz que no vemos"

Henri Barbusse




NAMASTÉ